viernes, 02 de octubre de 2009
La figura de Gandhi suele asociarse con la resistencia pacífica y la no-violencia. En efecto,
 este líder político indio demostró que el pacifismo era un instrumento viable para
alcanzar objetivos políticos ambiciosos y que la independencia de la India era posible
 sin necesidad de derramamientos de sangre. Gandhi predicó la concordia y la no-violencia
en un siglo convulsionado por dos guerras mundiales.
Gandhi fue líder nacionalista, pero, por encima de todo, fue un defensor de la igualdad
y la justicia. Luchó con gran ímpetu tanto para lograr la independencia de la India como
para acabar con las desigualdades que padecía la sociedad de su país. En una sociedad tan
estratificada como la india, se puso del lado de los intocables -casta privada de todo
derecho- y predicó la admisión de todos los individuos como miembros de la sociedad.
Sus ambiciones trascendían el ámbito estrictamente político: más allá de la liberación de su
país y la transformación social, abogó por el perfeccionamiento espiritual del hombre.


CRONOLOGIA

1869 Nace en Porbandar, India.
1882 Contrae matrimonio con Kastubai Nakanj.
1888 Primer viaje a Inglaterra.
1891 Obtiene el título de abogado y regresa a la India.
1893 Se traslada a Sudáfrica, en donde trabaja a favor de los indios residentes en ese país.
1915 En la India de nuevo, se une al movimiento nacional indio.
1919 Masacre de Amritsar.
1922 Primera campaña de desobediencia civil. Es condenado a prisión.
1930 Marcha de la sal.
1931 Viaje a Londres para participar en la Conferencia de la Mesa Redonda.
1933 Campaña a favor de los intocables.
1940 Boicot a la intervención india en la guerra.
1947 Independencia de la India. Separación de Pakistán.
1948 Muere asesinado por un fanático hindú en Nueva Delhi.  
 
RESUMEN DE BIOGRAFIA

Mohandas Karamchand Gandhi nació el 26 de octubre de 1869 en un remoto lugar de la India, en
la ciudad costera de Porbandar, del distrito de Gujarat. Éste era entonces un mosaico de
minúsculos principados, cuyos gobernantes tenían un poder absoluto sobre la vida de sus
súbditos. Su padre, Karamchand Gandhi, era el primer ministro de Porbandar y pertenecía a
la casta de los banias, mercaderes de proverbial astucia y habilidad en el comercio. Su madre,
llamada Putlibai, procedía de la secta de los pranamis, quienes mezclaban el hinduismo con
las enseñanzas del Corán. Era una mujer profundamente religiosa y austera que dividía su
tiempo entre el templo y el cuidado de los suyos, amén de practicar frecuentes ayunos.
En la formación espiritual de Mohandas, que sentía un ilimitado amor por sus padres, además
de la adoración a la diosa Visnú que profesaba la familia, concurrieron una serie de culturas y

credos amalgamados: el hindú, el musulmán, el jain. Este último tuvo especial influencia en su
filosofía: los jains practicaban la no-violencia no sólo con los animales y los seres humanos,
sino incluso con las plantas, los microbios, el agua, el fuego y el viento.
Ejemplo típico de tardía genialidad, Mohandas fue un adolescente silencioso, retraído y nada
brillante en los estudios, que pasó sin llamar la atención por las escuelas de Rajkot. A los trece
años, siguiendo la costumbre hindú, lo casaron con una niña de su edad llamada Kasturbai,
de quien estaba prometido desde los seis años sin saberlo. El joven esposo se enamoró

apasionadamente de la muchacha, y por hacer el amor con ella abandonó el lecho de su padre
moribundo la misma noche en que éste murió. El suceso dejó una culpa imborrable en Gandhi,
que más tarde se declararía en contra del matrimonio entre niños y a favor de la continencia
sexual.
Como sus calificaciones no mejoraron en el instituto, la familia decidió enviarlo a Londres
para seguir los cursos de abogacía del Inner Temple, cuyas exigencias eran menores que las
de las universidades indias. Con tanto miedo como excitación, el muchacho se embarcó en
Bombay en septiembre de 1888. Tenía diecinueve años y acababa de ser padre por primera vez.
Antes de partir había prometido solemnemente a su madre no seguir la costumbre inglesa de
comer carne, dado que el visnuismo lo prohibía. Varias veces en su adolescencia había
transgredido tal norma, impulsado por un amigo que le aconsejaba la carne para parecerse
en fortaleza a los ingleses.
En Londres vivió tres años, entre 1888 y 1891, período en que se produjo uno de los hechos más
determinantes de su vocación: el descubrimiento de Oriente a través de Occidente. En efecto,
en la capital inglesa comenzó a frecuentar a los teósofos, quienes lo iniciaron en la lectura del
primer clásico indio, el Bhagavad Gita, al que llegaría a considerar «el libro por excelencia para
el conocimiento de la verdad». También allí entró en contacto con las enseñanzas de Cristo,
y durante un tiempo se sintió tan atraído por la ética cristiana que dudó entre ésta y
el hinduismo. De esa época son sus intentos de sintetizar los preceptos del budismo,
el cristianismo, el islamismo y su religión natal, a través de lo que señaló como el
principio unificador de todos ellos: la idea de renunciación.
En estos años decisivos para su formación intelectual leyó a Tolstói, en quien más tarde
encontraría el guía para el perfeccionamiento de la práctica y la teoría de la no-violencia.
Y cuando regresó a la India con el título de abogado, lo hizo con sus señas de identidad
orientales: había ido en busca de la sabiduría occidental y retornaba con el secreto
que había hecho sabios a los hindúes.
Los primeros experimentos de la resistencia gandhista
Al volver a Porbandar encontró a su familia desintegrada: la madre había muerto poco antes
y los Gandhi habían perdido toda influencia en la corte principesca. Como abogado no halló
muchas perspectivas, ya que su primera actuación profesional terminó en un humillante fracaso,
pues enmudeció al dirigirse al tribunal y no pudo continuar. Fue entonces cuando una factoría
comercial musulmana le ofreció un contrato para atender un caso de la empresa en Durban,
y Gandhi no dejó pasar la oportunidad. Se embarcó hacia Sudáfrica en 1893.
En el país de los antiguos colonos holandeses vivía una colonia hindú formada en su mayoría
por trabajadores, a quienes los ingleses llamaban despectivamente sami. Carecían de todo
derecho, se les despreciaba y discriminaba racialmente, como pudo comprobar en carne propia
el joven abogado durante algunos de sus viajes en ferrocarril. Pero la situación era más grave
aún de lo que parecía. Terminado su trabajo, Gandhi estaba a punto de regresar a la India cuando
se enteró de la existencia de un proyecto de ley para retirar el derecho de sufragio a los hindúes.
Decidió entonces aplazar la partida un mes para organizar la resistencia de sus compatriotas,
y el mes se convirtió en veintidós años.
Durante esa larga etapa de su vida, su mayor preocupación fue la liberación de la comunidad
india, y en ella fue dando forma a las armas de lucha que más tarde utilizaría e su país. En los
primeros años, convencido de las buenas intenciones del colonialismo británico, abrió un bufete
para defender a sus compatriotas ante los tribunales en Johannesburgo y se propuso articular un
movimiento dedicado a la agitación por medios legales. Fundó el periódico "The Indian Opinion",
para aglutinar a la comunidad india y, como instrumento de agitación legal, creó el Congreso
Indio de Natal. Sus simpatías anglófilas le llevaron durante la guerra contra los bóers a
organizar el Cuerpo Indio de Ambulancias, acción que mereció duras críticas por parte de los
nacionalistas indios.
A partir de 1904 la actividad de Gandhi sufrió un cambio notable: después de leer la crítica del
capitalismo contenida en "Unto The Last", de John Ruskin, modificó su estilo de vida y pasó a
llevar una sencilla existencia comunitaria en las afueras de Johannesburgo donde fundó una
comuna llamada Tolstói. En esa época bosquejó la teoría del activismo no-violento, que puso
en marcha por primera vez para oponerse a la ley de registro. Esta ley obligaba a todos los indios
a inscribirse en un registro especial con sus huellas dactilares. Gandhi ordenó a sus compatriotas
que no se inscribieran, que comerciaran en las calles sin licencia y, más tarde, que quemaran sus
tarjetas de registro frente a la mezquita de Johannesburgo. Como muchos de sus seguidores, fue
a parar a la cárcel varias veces, pero el movimiento de resistencia civil obtuvo varios éxitos
parciales.
En 1913 la protesta contra un impuesto considerado injusto se tradujo en una marcha a través
del Transvaal, hasta Natal. Al año siguiente las autoridades británicas dieron marcha atrás
con dicho impuesto y autorizaron a los asiáticos a residir en Natal como trabajadores libres.
La victoria parecía total, y Gandhi, que había abandonado las vestimentas europeas en señal
de protesta, partió definitivamente de Sudáfrica con su mujer y sus hijos. A largo plazo todos
los logros de la comunidad india se perdieron y las autoridades de aquel país endurecieron aún
más su política racista, pero Sudáfrica había sido el banco de pruebas donde Gandhi desarrolló
y comprobó las tácticas que más tarde habría de utilizar en su tierra natal.
Gandhi llegó a la India en 1915 como un verdadero héroe, con la aureola de sus campañas en el
extranjero. Las masas de Bombay le tributaron un caluroso recibimiento, el gobernador inglés
acudió a saludarlo y el poeta Rabindranath Tagore le dio la bienvenida en su Universidad Libre
de Santiniketan. A poco de llegar, en la ciudad de Ahmedabad fundó una comunidad casi
monástica en la que estaban prohibidas las vestimentas extranjeras, las comidas con especias
y la propiedad privada. Sus miembros se dedicaban únicamente a dos trabajos materiales:
la agricultura, para obtener el sustento, y el tejido a mano, para procurarse el abrigo. Aquí dio
comienzo a una lucha que Gandhi habría de sostener durante toda su vida: la batalla contra las
lacras del hinduismo y a favor de los intocables. El primer paso fue admitirlos como miembros
de la comunidad.
En esos primeros años Gandhi abandonó toda agitación política a fin de apoyar los
esfuerzos bélicos de Gran Bretaña en la Primera Guerra Mundial, llegando incluso al
reclutamiento de soldados para el ejército inglés. Su entrada en la política india no se
produjo hasta febrero de 1919, cuando la aprobación de la Ley Rowlatt, que establecía la
censura y señalaba duras penas para cualquier sospechoso de terrorismo o sedición, le abrió los
ojos acerca de las verdaderas intenciones de los imperialistas ingleses en su país. Gandhi pasó
entonces a encabezar la oposición a la ley. Organizó una campaña de propaganda a nivel

nacional mediante la no-violencia, que comenzó con una huelga general. Ésta pronto se extendió
a todo el país y las protestas se sucedieron en las principales ciudades, donde se registraron
algunos focos de violencia pese a la insistencia del líder en el carácter pacífico de las
manifestaciones. Cuando acudía a Delhi a apaciguar la población, Gandhi fue detenido.
Días después, el 13 de abril, el brigadier general Dyer ordenaba disparar a sus gurkas sobre la
multitud reunida en el Jallianwala Bagh de la ciudad de Amritsar. La dominación inglesa había
mostrado su verdadero rostro sanguinario y brutal: casi cuatrocientas personas fueron asesinadas
y otras miles heridas. Pero las autoridades británicas se vieron obligadas a reconsiderar sus
tacticas y la Ley Rowlatt jamás entró en vigor.
En los años siguientes a la masacre de Amritsar, Gandhi se convirtió en el líder nacionalista

indiscutido, alcanzando la presidencia del Congreso Nacional Indio -partido fundado por Alan
Octavius Hume en 1885-, que él supo convertir en un instrumento efectivo en pro de la
independencia. De una agrupación de las clases medias urbanas, pasó a ser una organización
de masas enraizada en los pueblos y en el campesinado. Se pusieron en marcha las grandes
campañas de desobediencia civil, que iban desde la negativa masiva a pagar impuestos hasta
el boicot a las autoridades. Miles de indios llenaron las cárceles y el mismo Gandhi fue detenido
en marzo de 1922. Diez días más tarde comenzaba «el Gran Juicio», en que el Mahatma se declaró
culpable y consideró la sentencia a seis años de prisión como un honor, con lo que la sesión
terminó con una reverencia mutua entre juez y acusado.
Cuando salió de la cárcel -una apendicitis hizo que las autoridades coloniales lo liberaran en
1924-, encontró que el panorama político se había modificado en su ausencia: el Partido del
Congreso se había dividido en dos facciones y la unidad entre hindúes y musulmanes,
conseguida con el movimiento de desobediencia civil, había desaparecido. Gandhi decidió
entonces retirarse de la política, para vivir como un anacoreta, en absoluta pobreza y buscando
el silencio como fuerza regenerativa. Retirado en su Ashram se convirtió en esos años en el jefe
espiritual de la India, en el dirigente religioso de fama internacional que muchos occidentales en
busca de la paz espiritual trataban como un gurú.
Su retiro finalizó de manera brusca en 1927, cuando el gobierno británico nombró una comisión
encargada de la reforma de la Constitución, en la que no participaba ningún nativo. A la cabeza
de la lucha política, Gandhi consiguió que todos los partidos del país hicieran el boicot a dicha
comisión. Poco después, la huelga de Bardoli, en apoyo a la negativa a pagar impuestos,
terminaba en un éxito total. La victoria del movimiento animó al Congreso a declarar la
independencia de la India, el 26 de enero de 1930, y se encargó al Mahatma la dirección de la
campaña de no violencia para llevar a la práctica la resolución. Éste eligió como objetivo de
la misma el monopolio de la sal que afectaba particularmente a los pobres-, y partió de
Sabartami el 12 de marzo con 79 voluntarios con rumbo a Dandi, población costera distante
385 kilómetros. El pequeño movimiento se extendió como las olas de un estanque hasta alcanzar
toda la India: los campesinos sembraban de ramas verdes los caminos por donde pasaría
ese hombre pequeño y semidesnudo, con un bastón de bambú, camino del mar y al frente de un
enorme ejército pacífico. El día del aniversario de la masacre de Amritsar, Gandhi llegó a orillas
del mar y cogió un puñado de sal. Desde ese momento la desobediencia civil fue imparable:
diputados y funcionarios locales dimitieron, los prohombres locales abandonaron sus puestos,
los soldados del ejército indio se negaron a disparar sobre los manifestantes, las mujeres se
adhirieron al movimiento, mientras los seguidores de Gandhi invadían pacíficamente las fábricas
de sal.
La campaña terminó con un pacto de compromiso entre Gandhi y el virrey de su majestad
británica, en virtud del cual se legalizaba la producción de sal y se liberaban los cerca de
100.000 presos detenidos durante las movilizaciones. Por otra parte, Gandhi era enviado a
Londres para participar en la conferencia que discutía los pasos a seguir para establecer un
gobierno constitucional en la India. La presencia del Mahatma en Inglaterra, al margen de la
gran acogida popular que le dispensaron los barrios londinenses, no supuso resultados favorables
para la causa, y al regresar a su país se encontró con que Nehru y otros líderes del Congreso
se hallaban una vez más en prisión.
Varias veces en su vida Gandhi recurrió a los ayunos como medio de presión contra el poder,
como forma de lucha espectacular y dramática para detener la violencia o llamar la atención de
las masas. La falta de humanidad del sistema de castas, que condenaba a los parias a la absoluta
indigencia y ostracismo, hizo que Gandhi convirtiera la abolición de la intocabilidad en una meta
fundamental de sus esfuerzos. Y desde la prisión de Yervada, donde había sido confinado
nuevamente, realizó un «ayuno hasta la muerte» en contra de la celebración de elecciones
separadas de hindúes y parias. Ello obligó a todos los líderes políticos a acudir junto a su lecho
de prisionero para firmar un pacto con el consentimiento inglés. La labor de «pedagogía popular»
para curar a la sociedad hindú de sus llagas no terminó aquí. Distanciado del Congreso ante la
decepción que le provocaban las maniobras de los políticos, se dedicó a visitar pueblos lejanos,
insistiendo en la educación popular, en la prohibición del alcohol, en la liberación espiritual del
hombre.
El estallido de la Segunda Guerra Mundial fue el motivo de que Gandhi, una vez más, retornara
al primer plano político. Su oposición al conflicto bélico era absoluta y no compartía la opinión
de Nehru y otros líderes del Congreso, proclives a apoyar la lucha contra el fascismo.
Pero la decisión del virrey de incorporar el subcontinente a los preparativos bélicos de Gran
Bretaña sin consultar con los políticos locales, clarificó las aguas, provocando la dimisión en
masa de los ministros pertenecientes al Congreso. Tras la toma de Rangún por los japoneses,
Gandhi exigió la completa independencia de la India, para que el país pudiera escoger libremente
sus decisiones. Al día siguiente, el 9 de agosto de 1942, era arrestado junto a otros miembros del
Congreso, lo que produjo una sublevación en masa de los nativos, seguida por una serie de
revueltas violentas en todo el territorio indio. Ésta fue la última prisión del Mahatma y quizá
la más dolorosa, porque desde su presidio en Poona se enteró de la muerte de su mujer, Kasturbai.
Era ya un anciano frágil y debilitado cuando salió en libertad en el año 1944.
Finalizada la guerra, y tras la subida al poder de los laboristas en Inglaterra, Gandhi desempeñó
un rol fundamental en las negociaciones que llevaron a la liberación. Sin embargo, su postura
opuesta a la partición del subcontinente nada pudo contra la determinación del líder de la Liga
Musulmana, Jinnah, defensor de la separación del Pakistán. Dolido por lo que consideró una
traición, en 1946 el Mahatma vio con horror cómo los antiguos fantasmas indios resurgían
durante la celebración del Nombramiento de Nehru como primer jefe de gobierno, que fue pretexto
de violentos disturbios motivados por la pugna entre hindúes y musulmanes.
Gandhi se trasladó a Noakhali, donde habían comenzado los enfrentamientos, y caminó de pueblo
en pueblo, descalzo, tratando de detener las masacres que acompañaron a la partición en Bengala,
Calcuta, Bihar, Cachemira y Delhi. Pero sus esfuerzos sólo sirvieron para acrecentar el odio que
sentían por él los fanáticos extremistas de ambos pueblos: los hindúes atentaron contra su vida
en Calcuta y los musulmanes hicieron lo propio en Noakhali. Durante sus últimos días en
Delhi llevó a cabo un ayuno para reconciliar a las dos comunidades, lo cual afectó gravemente
su salud. Aun así, apareció de nuevo ante el público unos días antes de su muerte.
El 30 de enero de 1948, cuando al anochecer se dirigía a la plegaria comunitaria, fue alcanzado
por las balas de un joven hindú. Tal como lo había predicho a su nieta, murió como un verdadero
Mahatma, con la palabra Rama ('Dios') en sus labios. Como dijo Einstein,
«quizá las generaciones venideras duden alguna vez de que un hombre semejante fuese
una realidad de carne y hueso en este mundo».
 

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Publicado por pa45767 @ 13:27  | POLITICA
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